La nueva muerte
Paúl Herrera
equipogama@arcol.org
La lucha por la vida no se ha ganado todavía. La muerte ha
tomado
nuevos y eficaces métodos de azotar a la humanidad. Las guerras siguen atacando al mundo en diversos lugares, pero el aborto, la eutanasia, y la manipulación de embriones, son las nuevas armas de masacre. El mundo de la medicina y la biología se han convertido en un instrumento para los señores de la muerte, y es aterradora su eficacia. La “cultura” de la muerte se ha asentado en todo el mundo. Se extiende desde las clínicas y laboratorios más avanzados hasta las barriadas más humildes. Sus planes son cada vez más estudiados. Los profesionales de la medicina, de la ética, de la política y de la biología ya son sus herramientas favoritas.
Legalizar las mayores atrocidades es uno de los principales objetivos de la cultura de la muerte. Lo hacen con vanos pretextos como la
despenalización de actos que ya se hacen con frecuencia de manera clandestina, actualizar las leyes que supuestamente ya son anticuadas y obsoletas y el mal entendido bienestar común.Esta “cultura” no confía en los
valores y principios que han favorecido nuestra sociedad. Busca cambiar los principios éticos con la máscara promotora de la calidad de vida entre los hombres, siendo más bien una generadora y defensora del hedonismo, del materialismo y del egoísmo entre los hombres.
No son pocos los médicos que han traicionado
sus principios. Estos han sucumbido por la atracción de un negocio rentable como la destrucción de la vida de bebés “no deseados”. Más de un familiar ha terminado con el “problema” de un pariente enfermo, muy a pesar de su conciencia, por la insistencia de los especialistas en acortar su sufrimiento. Son miles las adolescentes que asesinan a sus hijos, por no querer soportar las miradas de una sociedad que aplaude el aborto y se escandaliza ante una mamá prematura.
Esta nueva muerte se ha infiltrado entre nosotros con astucia, paso a paso, pero con incisividad y malicia. Esta nueva muerte degrada al hombre. Lo hace valer por su utilidad, como una maquina. Prefiere matar al enfermo antes que ayudarlo a calmar su dolor, sea médica o psicológicamente.
Esta nueva muerte provoca al hombre con la más vieja de las tentaciones: “seréis como dioses”. Le
hace manipular embriones a su antojo, y así matar miles, quizá millones en el proceso. Esta nueva muerte promueve la mayor matanza de la actualidad: el aborto. Produce decenas de miles de muertes anuales en los países en que es legal. España es un ejemplo con más de 95.000 fetos abortados, sólo en el 2005.
Esta nueva muerte se aprovecha de la inmoralidad actual y de la pasión juvenil. Le garantiza en sexo seguro, sin consecuencias, ocasionando unas cuantas muertes más con los contraceptivos.
Esta nueva muerte oculta un nuevo racismo que busca la vida de sólo unos pocos, los más fuertes. Mientras tanto, impide a toda costa la reproducción de las clases y poblaciones desfavorecidas.
Esta nueva muerte se disfraza de mil maneras con capas de
bondad y eufemismos. Para cubrir su maldad usa términos como “interrupción del embarazo”, anticonceptivos “de emergencia”, “control demográfico”, “muerte asistida”, “conservación del equilibrio natural”, “avances genéticos”, etc.
Apoyar esta “cultura” de la muerte sería
defender la más baja decadencia humana desde que el hombre es hombre. Si las cosas siguen así, habrá que reconstruir la ética humana que ya roza lo irracional. El invierno de nuestra sociedad tendrá
que ser
remplazado con una nueva primavera, con un nuevo hombre que tenga mayor conciencia, para no aniquilarse a sí mismo.
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